El propósito de Dios es que a través del arrepentimiento volvamos a la obediencia, a las escrituras. El término escrituras se refiere a la Biblia que contiene la ley de Moisés, los profetas y el nuevo pacto.

Un hijo de Dios es aquel que conoce y obedece la escritura, es el que está cimentado en la roca, y puede pasar por una gran tormenta y no sufrir daño en su vida espiritual.

Recordemos que la roca es Cristo, por esa razón la escritura nos exhorta a regresar a las sendas  antiguas para no apartarnos de la verdad. Así lo expresó nuestro señor Jesucristo:

Mt 11:29 “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallareis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga. Porque alejados de mi nada podéis hacer.”

Las sendas antiguas son la ley de Moisés y los profetas; representan el conocimiento y la obediencia a lo establecido por Dios para poder entrar a su reino eterno.

Regresar a la enseñanza verdadera a través del arrepentimiento y digo regresar, porque Dios está llamando a los huesos secos que se apartaron de la verdad, a los que apostataron y fueron dispersados y eliminados de su pueblo y que por la misericordia de Dios ahora en Cristo están siendo llamados de regreso a la verdadera instrucción.

De regreso, después de haberse apartado de la verdad y seguir sistemas religiosos que han llenado de maldición sus vidas.

Jer 6:16 “Así dijo el Señor: Paraos en los caminos y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cual sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Más dijeron: no andaremos en tu camino.”

Continúa Jeremías: Puse también sobre vosotros atalayas, que dijesen: escuchad el sonido de la trompeta y ellos dijeron:

¡No escucharemos! Por eso Israel fue dispersado entre las naciones: no quiso andar ni escuchar lo establecido por Dios para que fueran libres.

Pero por la gran misericordia de Dios, ya en Cristo Jesús, los dispersos entre las naciones, los que apostataron y fueron dispersados y que aceptaron a Cristo como su salvador, al ser llamados al arrepentimiento; el sonido del shofar llama al arrepentimiento para que volvamos al yugo verdadero de Cristo, al de la libertad.

Juan 8:31-32 “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.”

Los creyentes y salvos por la gracia de Cristo no somos una nueva iglesia, ni una nueva nación, somos esos huesos secos que el Señor a través de (Ezequiel 37:1-28) dijo que corresponden a las dos casas de Israel dispersas entre las naciones y que en la mano de Cristo volverían a ser una sola nación y por la eternidad.

Volvamos pues a la instrucción para alcanzar la libertad en Cristo Jesús.

Amén