Para el hombre de este tiempo, es difícil obedecer. Hacer conforme a tu voluntad, en aquellas cosas que nos lleven a pecar, es ir en contra de la voluntad de Dios.

El pecado es ir en contra de la voluntad de Dios. Jesús advirtió en su tiempo, que apartarnos de la voluntad de Dios era tomar un camino de perdición.

Mt 7:13 “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha y espaciosa es el camino que lleva a la perdición.”

Espiritualmente hablando, la obediencia es la respuesta voluntaria de la Fe, para actuar conforme a la voluntad de Dios.

La obediencia se alcanza cuando la voluntad del hombre se unifica con la voluntad de Dios.

Cuando obedecemos a Dios, se purifican nuestras almas y es cuando verdaderamente nos convertimos en adoradores en espíritu y en verdad:

1 P 1:22 “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el espíritu…”

2 Co 9:13 “Por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo”

Los que obedecemos es porque creemos a la verdad, ¿cuál verdad?

¡Creemos que Jesús es nuestro salvador!

El vino a ser autor, dice la palabra de eterna salvación, gracias a la obediencia a Dios. Él nos enseñó que para regresar a casa, es necesario obedecer a Dios.

Si somos hijos de Dios, es porque en nosotros está su santo espíritu, mantengamos pues por la fe, que es conocimiento de la palabra de Dios, la obediencia, para alcanzar la esperanza en Cristo de ser parte de las bodas del cordero, en el reino de Dios.