El ser humano debe quitarse para siempre la idea de que la enfermedad proviene de la voluntad de Dios.


Dios no tienta a nadie, dice la palabra, ni envía enfermedades para disciplinar al ser humano. La enfermedad es consecuencia del pecado y éste siempre será una decisión humana.

1 Corintios 6:12 “Todo me está permitido, pero no todo me conviene. Todo me está permitido, pero no permitiré que nada me domine.”


No debemos resignarnos ante el deterioro de nuestra salud; más bien debemos comprenderla. Dios creó el cuerpo para que sea el templo del Espíritu Santo y no puede ser su voluntad que éste funcione de manera imperfecta.

Ex 23:25 “Más a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de enmedio de ti.”

El reino de Dios revelado en Jesucristo, trae sanidad a todos los quebrantados por el pecado, que tienen fe. A los que creen en Jesucristo.

Jesús no es sólo el salvador de nuestras almas, él nos salva de todo lo que nosotros somos. Nos sana de las enfermedades, que son la consecuencia del pecado.

Ef 6:12 “Porque no tenemos lucha contra carne y sangre sino contra el gobierno del mal, es decir el gobierno de Satanás.”


Jesús vino a establecer el reino de Dios y a destruir las obras del diablo. Sanidad y liberación son parte del ministerio con el que Cristo finalmente triunfó en la cruz del calvario: Isa 53:4

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

La sanidad, es el propósito de Dios, para todos los creyentes, por lo que es importante comprender que Dios permite que el hombre se enferme a través del pecado, para que alcance la salvación: Isa 6:10


Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.

Amén.