El regocijo de los discípulos de Jesús, ya resucitado, con la atención puesta sobre su amado maestro, una mezcla de asombro y adoración; queriendo que sigan fluyendo palabras de vida eterna; ellos no aciertan que preguntar y uno abre sus labios inquiriéndole sobre la restauración del reino de David.

El señor frena el tema y adelanta lo que en Pentecostés habría de suceder:

Hechos 1:8 “Pero recibirán poder cuando venga sobre ustedes el Espíritu Santo, y serán mis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

Dicho esto, los futuros apóstoles vieron ascender en una nube al cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

El cual fue recibido en el cielo por el anciano de días, para sentarlo en el trono de Dios y darle poder, honor y Gloria: (Daniel 7:13)

50 días después el plan misterioso de Dios es revelado con el cumplimiento de la promesa del Cristo: Hechos 2:1-4

Cuando llegó el día de Pentecostés, todos ellos estaban juntos y en el mismo lugar. De repente, un estruendo como de un fuerte viento vino del cielo, y sopló y llenó toda la casa donde se encontraban.

Entonces aparecieron unas lenguas como de fuego, que se repartieron y fueron a posarse sobre cada uno de ellos. Todos ellos fueron llenos del Espíritu Santo…

Dios es fiel y no es hombre para que mienta, dice la palabra de Dios; y la promesa se cumplió.

El Espíritu Santo fue enviado y la profecía del profeta Joel se cumplió; a partir de ese momento el espíritu  se derramaría sobre toda carne, y se posaría sobre  los creyentes del sacrificio en la cruz de Jesucristo.

Amén