Jesucristo es Dios

El carácter histórico de las escrituras atribuye a Jesucristo un carácter especial: Simiente divina.

Esta simiente vendría a este mundo a bendecir a todas las naciones; tal es la promesa que recibiera Abraham, gracias a su obediencia a Dios.

Gn 22:18 “en tu Simiente serán benditas todas las naciones de la tierra”

Sólo los que están fuera de esta promesa, que nos ha alcanzado, gracias a Jesucristo, siguen cegados y no comprenden las verdades espirituales cumplidas.

Las que Dios hizo saber, a través de sus profetas: El Salvador, su simiente,  vendría a este mundo:

Isa 7:14 “Pues ahora el Señor mismo les dará una señal: La joven concebirá, y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.”

Isa 9:2 “El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz. Sí, la luz resplandeció para los que vivían en un país de sombras de muerte.”

Emmanuel es Dios con nosotros, él es la luz que vendría a este mundo; así lo revelo el señor cuando camino por este mundo sanando y trayendo luz a los necesitados:

Jn 12:46 “Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.”

La persona de Cristo es Dios encarnado en un cuerpo humano que vino a este mundo a salvar a la humanidad del mundo en tinieblas y muerte.

Efesios 1:7 “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados, según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar en nosotros toda sabiduría e inteligencia.”

Él es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y nos ha limpiado de la maldad, introduciéndonos a sus palacios donde abunda el conocimiento divino.

Por eso, Cristo no es Dios en parte, ni hombre en parte. Solo el Espíritu Santo nos puede revelar su perfecta humanidad y su perfecta deidad.

Lc 10:21-22 “En ese momento Jesús se regocijó en el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque estas cosas las escondiste de los sabios y entendidos, y las revelaste a los niños. ¡Sí, Padre, porque así te agradó!

Mi Padre me ha entregado todas las cosas, y nadie conoce al Hijo, sino el Padre; ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.»

Su naturaleza, aun cuando entró en un cuerpo corruptible, se mantuvo sin mancha ni pecado.

Él es DIOS, por siempre, y sólo a través de su santo espíritu podemos acercarnos confiadamente a conocer los misterios de Dios:

Juan 5:20 “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.”

Amén.