La palabra de Dios, es espíritu y es vida.

Queremos comprender el misterio de la palabra de Dios, y la importancia de vivir en el espíritu para que la palabra se transmita con poder.

Juan 6:63 “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida.”

Recordemos que todo fue creado a través de la palabra de Dios. El padre y el hijo creando los cielos, la tierra y todas las cosas que están en la tierra; todo eso creo Dios con la palabra.

Recordemos que Dios es espíritu y el reino de los cielos no consiste en palabras sino en poder: (1 Co 4:20)

Dios es espíritu y creó todo con el poder de su palabra. También a Dios le plació dejar al hombre al cuidado de todo:

¡Enseñoréense de todo lo creado! Dijo el señor al hombre.

El hombre fue creado en Espíritu: Así Dios formó a Adán en el Edén; soplándole aliento de vida, y dándole de su Espíritu, le refrendó la autoridad. (Gn 2:7)

Dicha autoridad quedaría en manos del mal, cuando el pecado de Adán abortó el plan de Dios en el Edén y desde entonces el espíritu no estuvo más en el hombre.

Llegados los tiempos para el cumplimiento de las promesas de Dios para que el mesías viniera a establecer un nuevo pacto con la casa de Israel; el hijo de Dios nace en este mundo para traer el mensaje de la salvación; y por obediencia al padre celestial, muere y resucita; trayendo salvación a todos los que creen en su nombre y se arrepienten de sus maldades.

El nuevo pacto se cumple en Jesucristo de tal manera que Dios manda a su espíritu para que todos los que creen en el nombre de Jesús, sean hechos hijos de Dios.

Esa es la justicia de Dios, lo más justo para un hombre es ser hijo de Dios.

Pablo dice que la justicia de Dios se revela por fe y para Fe. (Ro 1:17)

Si la fe es conocer la palabra de Dios, entonces la justicia de Dios se revela en lo que es Jesús, porque Jesús es la palabra.

Solo entonces a los hijos de Dios se les revela lo que Dios es.

La palabra de Dios está en la biblia y tiene poder; dice el autor del libro de los hebreos que es como una espada de dos filos que penetra hasta partir el alma y el espíritu.

La palabra hace una separación de lo mundano y lo espiritual.

Pero si el Espíritu de Dios no está en mí, entonces la palabra en mí carece del poder para discernir lo espiritual, solo Cristo en mí puede abrir los canales de entendimiento y hacer la palabra viva y eficaz.