Hay una alabanza en la que el salmista declara: Es por su gracia y por su amor, que podemos ser llamados instrumentos de su amor.

La gracia divina es mucho más que una mera benignidad, pues, tratándose del favor del Dios soberano y omnipotente, pone en movimiento todos los recursos de la divinidad y lleva a feliz término todos sus propósitos en favor del hombre.

De la fuente de la gracia del favor divino provienen la obra de la Cruz, la gloria de la resurrección, la venida del Espíritu Santo, la formación de la Iglesia, la derrota final del mal y la inauguración de la santa ciudad.

La era de la gracia significa todo ese favor divino en beneficio del hombre que ha elegido el camino de perfección divina con la esperanza, en Cristo, de alcanzar el reino eterno de Dios.

Somos partícipes de esta era, gracias a Cristo, y la Fe es el fundamento en el hombre para ser partícipes de la manifestación de la gracia de Dios.

Rebeldía e incredulidad, son los enemigos de la gracia, éstas se oponen a ella.

La Fe hace que el hombre acepte el mensaje de Dios y descanse totalmente en la persona de Cristo.

El Evangelio es la única base de la fe verdadera, es la palabra viva y eficaz, lo cual permite que la obra de la gracia se realice plenamente en el corazón del creyente:

Heb 4:7  “Si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones.”

Somos justificados por la gracia y transformados en la intimidad de nuestros corazones; y por la gracia divina ir eliminando toda perversión que nos aparta de Dios.

Pablo nos ayuda a comprender de manera muy sencilla lo que significa vivir bajo la gracia divina:

1 Co 15:10 “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.”

Abandonar nuestra persona y hacernos como niños para lograr la unidad con el gobierno de Cristo; de tal manera que alcancemos el gozo predicando el sacrificio en la cruz de Cristo, para que la gracia divina alcance a los que han sido predestinados junto con nosotros para alcanzar el reino de Dios.

Amén