El señor nuestro Dios desea que le busquemos de corazón; no que lo hagamos tan sólo por procurar los beneficios que nos puede proporcionar. Quiere que le sirvamos motivados por el amor; no por las bendiciones que de Él emanan.

Dios, por ende no bendice a quienes en forma egoísta sólo buscan una vida más cómoda para satisfacerse a sí mismos. Dios siempre responde a los que le buscan con sinceridad:

Pr 10:22 “La bendición del señor es un tesoro; nunca viene acompañada de tristeza.”

Por tanto, la bendición se define como todo y cualquier bien dado por Dios a quienes le temen.

Las bendiciones sólo pueden administrarse mediante la aceptación de los términos de las alianzas y los pactos divinos, cuyas cláusulas se hayan escritas claramente en las sagradas escrituras.

Las bendiciones, en otras palabras, sólo son otorgadas por Dios a los que obedecen sus mandamientos.

Leemos el libro de Deuteronomio 28:9: Si obedeces los mandatos del señor tu Dios y andas en sus caminos, el señor te confirmará como pueblo santo, tal como juro que haría. Entonces todas las naciones del mundo verán que eres el pueblo elegiido por el señor y quedaran asombradas ante ti.

Así el señor otorga esta gran bendición a los que en su nombre confían: Ex 19:5

Ahora bien, si me obedecen y cumplen mi pacto, ustedes serán mi tesoro especial entre todas las naciones de la tierra; porque toda la tierra me pertenece.

Tener esa bendición, es nuestro anhelo.