Porque él es el único que merece ser glorificado, sus maravillas son visibles a todo ojo, nadie necesita que le hablen del Señor porque manifiestas son sus obras.

Romanos 1:20 “Porque lo invisible de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, y pueden comprenderse por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.”

La gloria de Dios se refiere a reconocer el resplandor de su luz, recordando aquella luz de la nube que guiaba al pueblo de dios en el desierto, dice el autor del éxodo que se trataba de la gloria de Dios. Esa luz, de acuerdo con las escrituras es la luz de cristo:

San Juan 8:12 “En otra ocasión, Jesús dijo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”

El Salmo 93 nos habla que la magnificencia de Dios se vistió y se ciñó de poder, la majestad, la soberbia, el orgullo y la arrogancia del ser supremo, nos dejan ver que él puede ser todo eso, solo en él, más no en nosotros.

Bastaría que el aire no entrara a nuestros pulmones para tomar conciencia de lo absurdo que es ser orgulloso, o soberbio. Pero dios si puede serlo, pero dice la palabra que se vistió de poder;

 Fil 2:6 “El cual, siendo en forma de Dios, no estimó él ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó asimismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

Es Cristo quien se viste de poder, porque siendo dios, tomo forma humana y pudiendo ser soberbio y orgulloso; manifestó su naturaleza amorosa y vino a enseñar que la manera de alcanzar la victoria, es decir la exaltación, es a través de la humillación.

Y si queremos vestirnos apropiadamente como hijos de Dios, aceptemos este consejo:

Fil 2:14 “Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.”

Si nuestro señor Jesucristo fue manso y supo enfrentar con gozo la cruz; humillemos nuestra naturaleza y andemos en luz como el anduvo. La gloria de Dios, es la luz, es Cristo, y si así andamos, entonces somos también luz del mundo porque de su luz estamos vestidos.

Glorifiquemos su santo nombre, dando gracias a aquel que nos saco de las tinieblas para llevarnos a su luz admirable.

Amén