¿Dónde tienes los ojos puestos? Parte 2

Entonces la serpiente dijo a la mujer: no moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de Él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo del bien y del mal: (Gen. 3:4-5).

La serpiente miente; el consumo del fruto prohibido no los conducirá a un estado de perfeccionamiento; por el contrario, la intención de satanás era la caída.

Cuando ellos comieron del fruto, su apetito sensual despertó y turbo la pureza inicial de su pensamiento y cayo al nivel de una criatura que vive desgarrada por sus pasiones, y que solo sabe lo que es bueno o malo para sus sentidos.

El hombre pasó de estar en un estado en el que reina la luz celestial del espíritu, a la esfera material de la sensualidad física. En esa esfera sensual se pierde la noción de la verdad. Fueron cerrados con el pecado los sentidos espirituales de ellos, y se abrieron los ojos a lo mundano, a lo terrenal, dejando en manos del maligno, del pecado, el devenir de la humanidad, al menos hasta la venida del postrer Adán, Cristo nuestro Señor.

La estrategia del maligno es tergiversar la palabra de Dios.

La niega: no moriréis sino que sabe Dios que el día que comáis de Él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dios, sabiendo del bien y del mal.

El ser humano nunca podrá ser como Dios. El propósito del maligno era construir un mundo pervertido, pero el propósito de Dios es que muchos hijos vayamos a su gloria y nuestro señor Jesucristo en su oración al padre: (Jn 17).

Padre, para que ellos sean uno al igual que tú y yo somos uno.

No podremos ser igual a Dios, pero caminamos hacia la madurez y seremos uno con Él gracias a Cristo. Antes de la caída ellos eran olor grato a Dios.

Después de la caída, sus sentidos espirituales fueron cerrados:

Se contamino el sentido de la vista y dejo de entrar lo perfecto a la conciencia y al espíritu. Se pervirtió la conciencia y lo espiritual murió. Se contamino el sentido del oído, y empezó a entrar contaminación al cerebro. Se contamino el sentido del tacto, y el cuerpo dejo de ser un templo del santo espíritu. Se contamino el sentido del gusto y el corazón se endureció. Solo hubo un sentido que no se contamino: el olfato; el único vehículo que disponemos para purificar el alma.

Así como con el pecado de Adán se cerraron los sentidos espirituales de la humanidad, con el postrer Adán, Cristo nuestro Señor, solo por la fe del creyente, los ojos son abiertos, los ojos espirituales, para tener acceso a la sabiduría de Dios, para que podamos, gracias a Cristo, dar ese paso de fe, que nos aparte de las acechanzas del diablo. Que nos lleve a vencer todo tipo de obstáculos, que quieren oponerse al propósito de Dios para con el hombre: que muchos hijos vengan a mi reino.

Anhela pues, si no has recibido, por la gracia de Cristo la salvación, que tus ojos espirituales sean abiertos para que juntamente con todo el pueblo de Dios, podamos alcanzar las promesas del eterno, de que un día estaremos con Él por la eternidad.

2018-06-21T09:17:44+00:00

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