Es una pregunta que debemos hacernos con regular frecuencia, los hijos de Dios. No olvidemos que venimos de una vida que estaba totalmente enfocada en las cosas del mundo. Teníamos puestos nuestros ojos en las cosas vanas y efímeras, que nos mantenían esclavizados y alejados de la verdad.

Pero damos gracias a Dios que por su misericordia nos ha librado de las garras de la banalidad del mundo y ahora como sus hijos y por la gracia de nuestro señor Jesucristo podemos mirar con otros ojos las cosas; con los ojos espirituales que nos permiten discernir la verdad. Pero no estamos exentos de tomar la decisión de voltear y ver con tentación nuestra vida pasada; que nada de eso suceda, dios no lo quiera.

Antes bien aferrémonos al Señor. Poniendo nuestra mirada en Él. (Lucas 9:62)

Jesús le dijo: ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.

Voltear nuestra mirada atrás es apartarnos de la fe en Cristo. Es olvidarnos que somos nacidos de nuevo y no pertenecemos a este mundo, aun cuando vivamos en él. Pertenecer al Reino significa que aun cuando vivimos en esta tierra y dentro de un mundo cada vez mas inclinado al mal; hemos nacido espiritualmente y por ese espíritu que Cristo nos ha regalado, ahora podemos entrar confiadamente a las moradas celestiales y vivir en la paz de Dios.

Por eso dice el libro de los proverbios escrito por el rey Salomón:

El hombre inteligente tiene los ojos fijos en la sabiduría, las miradas del tonto vagabundean por los cuatro rincones del mundo: (Pr 17:24).

Elige entonces la inteligencia, y pon tus ojos en la sabiduría: Cristo es la sabiduría de dios y poder de dios; porque en el están escondidas todas las riquezas de la sabiduría y del entendimiento: (Col 2:3).

Dice Sirácides: que la sabiduría no entrara en un alma mal dispuesta (1:4).

Por eso el apóstol Pablo nos orienta acerca del lugar donde debemos poner la mirada los hijos de dios:

Puestos los ojos en Cristo Jesús, autor y consumador de la fe. Poner los ojos en Cristo, es acercarnos acertadamente a su palabra; porque el Señor dice que apartados de mi nada podrás hacer (Heb. 12:2).

Dice también que el que permanece en mi palabra conocerá la verdad y la verdad los hará libres. Cristo es el consumador de la fe. La fe es la certeza de lo que se espera, y la convicción de lo que no se ve. Cristo es el consumador de la fe, porque el puso su mirada en lo celestial y verdadero, sin importar el sufrimiento por el que habría de pasar en la cruz, sabiendo que su sacrificio lo ofrecía por amor a la humanidad; para salvarla de la esclavitud del pecado.

El pone estas palabras proféticas que mostraban un perfecto conocimiento de lo que habría de suceder:

Yo tengo poder para poner mi vida y tengo poder para volverla a tomar: (Jn. 10:18).

Cristo consumó la fe cuando la gloria de la resurrección vino sobre él y sabemos que por el espíritu santo que se derramo sobre toda carne en pentecostés; el fruto de la fe, es el regalo de la gracia sobre todo creyente en Cristo. Los ojos espirituales se abren de nuevo y digo de nuevo porque antes fueron cerrados por el pecado. La biblia nos aporta conocimiento de cuando Adán y Eva pecaron y los ojos espirituales se cerraron para dar lugar al mundo del pecado y la muerte.