1 Juan 4:8

El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.

 

El drama principal del ser humano está en las relaciones.

Creemos amar a una persona y el resultado, usualmente, es que nos damos cuenta que la persona a la que estamos unidos no es la adecuada, se termina el amor y nos alejamos de quien creímos amar.

El amor en el mundo es así, apasionado y temporal.

El verdadero amor es el amor de Dios, ese amor no cambia.

Dice la Biblia que Dios nos ha amado con amor eterno.

Y su propósito es que también nosotros le amemos.

Quiere que le amemos con toda nuestra alma, con nuestro corazón y con todas nuestras fuerzas.

Esa obra no está en nuestras fuerzas, esa es la obra del Espíritu Santo.

Es la obra de Cristo.

EL AMOR ES UN FRUTO DEL ESPIRITU SANTO.

Cuando Jesús hizo esta oración:

Jn 17:21

Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste:

 

Para que todos sean uno

Así como tú oh padre en mÍ, y yo en ti, eso dignifica que:

SI DIOS ES AMOR

CRISTO TAMBIÉN ES AMOR

Hay una bella historia que

Dice que de tal manera Dios amo a su hijo unigénito y que

de la misma manera el hijo

amo al padre, y que de ese tremendo amor fue creado el Espíritu Santo.

Dice la palabra de Dios, que los que creen en Jesús son llamados hijos de Dios.

Dios es espíritu y los que han nacido como hijos son espirituales. El espíritu de Dios

está en ellos.

Y EL AMOR es un fruto del espíritu.

Por ello cuando nuestro señor

dice en su oración:

PARA QUE TODOS SEAN UNO.

Porque la unidad con Cristo está en que también el atributo del amor esté en cada creyente.

De esa manera el amor vive y se manifiesta en todo lo que hacemos, decimos y pensamos.

Por esa razón Dios nos manda que nos amemos los unos a los otros.

Eso en el mundo es imposible

Pero si el espíritu de Dios está en ti, entonces también el amor reinará en tu corazón.