Jesucristo es el personaje más importante de la biblia. La palabra de Dios es Cristo y nunca deja de asombrarnos cuando nos abre el entendimiento por sus revelaciones, y por ello nos gozamos.

Nuestro señor Jesucristo, es el principio y el fin: Apocalipsis 1:8

Dios el señor dice: «yo soy el alfa y la omega, [el principio y el fin,] él que es, él que era, y él que ha de venir. Soy el todopoderoso.»

Él es la imagen del dios invisible, él principio de toda creación: (Col 1:17)

Jesús es entonces el propósito y la meta de toda la biblia. Es fascinante descubrir que la biblia inicia con la palabra “bereshit” que significa en el principio y termina en el libro de Apocalipsis con la palabra amén.

El apóstol Juan nos revela, por el espíritu santo que Jesús es el principio: Jn 1:1

En el principio era el verbo, el verbo estaba con Dios y el verbo era Dios, y nos impacta cuando dice: Jn 1:14

Y ese verbo se hizo carne y vivió entre nosotros. Cristo es el principio y el fin; porque el final de la biblia, su última palabra concluye con el amén, y el amén es cristo: Apocalipsis 3:14

Escribe al ángel de la iglesia en la odisea. Así dice el amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de dios:

“Quién es el amén, el principio de la creación de dios: Cristo.”

El texto sagrado guarda entonces una armonía sobrenatural, y esconde un mensaje celestial: la palabra “bereshit”, está compuesta en hebreo, de la letra bet y la palabra reshit.

Y Moisés la escribió en un lenguaje llamado palihebreo, que es a base de imágenes; y nos muestra entonces que bet es una casita, y reshit es una cabeza.

La primera idea de Moisés es representar la creación como una casita que sería una vivienda para los hombres.

La primera palabra de la biblia: bereshit, es decir, en el principio; significa entonces:

1.- Habitación

2.-La cabeza

Si juntamos todo el significado de bereshit encontramos que desde el principio Dios tenía en su mente que el mundo sería una habitación con una cabeza para gobernarlo.

Apocalipsis 21:3

“Entonces oí que desde el trono salía una potente voz, la cual decía: «aquí está el tabernáculo de Dios con los hombres. Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos y será su Dios.”

Cristo en el paraíso de Dios, nuestra casa, aquí en la tierra, transformada por el creador, será la cabeza gobernando a todos los redimidos.

Amén